Instituto Peterson de Economía Internacional | ||
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Peterson Institute for International Economics | ||
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Acrónimo | PIIE | |
Otros nombres | Instituto Peterson | |
Tipo | fundación, think tank y organización sin fines de lucro | |
Forma legal | organización 501(c)(3) | |
Fundación | 1981 | |
Fundador | C. Fred Bergsten | |
Nombres anteriores | Institute for International Economics | |
Sede central |
1750 Avenida Massachusetts NW, Washington D. C., ![]() | |
Presidente | Adam Simon Posen | |
Director ejecutivo | Michael Alexander Peterson | |
Ingresos | 8 980 271 dólares estadounidenses | |
Activos | 95 222 142 dólares estadounidenses y 105 093 071 dólares estadounidenses | |
Empleados | 60 | |
Coordenadas | 38°54′30″N 77°02′27″O / 38.9083, -77.0409 | |
Sitio web | www.piie.com | |
El Instituto Peterson de Economía Internacional (en inglés: Peterson Institute for International Economics), y anteriormente conocido como el Instituto para la Economía Internacional o (en inglés: Institute for International Economics), es una think tank privada e independiente, enfocado en la economía. Su sede se encuentra en Washington D. C. y fue fundado por Fred Bergsten in 1981.
Entre sus personajes reconocidos, se encuentra John Williamson, quien elaboro los "diez puntos Williamson" bajo el paraguas de lo que luego se conoció como "Consenso de Washington". Consenso bajo el cual se establecieron lineamientos generales para los países periféricos en torno a su economía.
Según algunos analistas, el extremo debilitamiento del Estado experimentado desde la vigencia del "Consenso de Washington", impidió la adecuada regulación de las actividades privatizadas e hizo perder la visión a largo plazo y la preocupación por la concentración de ingresos. El artículo referido alude a la demanda social por un nuevo tipo de Estado y analiza los requisitos y objetivos para que, entre otras cosas, facilite un funcionamiento eficaz de los mercados y se preocupe por disminuir las desigualdades sociales. Por ejemplo, las políticas industriales y agrícolas fueron eliminadas. Y, sobre todo, se perdió la visión a largo plazo. Así, las reformas cayeron en un grave error: darle la espalda al Estado. La prescindencia del Estado en la realización de las reformas hizo que experimentaran una pérdida generalizada de credibilidad. (...) Esa crisis de credibilidad se sumó al sentimiento generalizado de frustración y de fatiga debido a la insuficiencia del progreso y la dureza de los sacrificios hechos en la aplicación de las reformas.